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¿Por qué no tengo ganas de tener relaciones sexuales? Cuando el deseo se convierte en una exigencia

hace 2 días
13 min de lectura
Pareja sentada a la mesa, pensativa y tensa, en un comedor cálido con tazas y vela.

«¿Por qué no tengo ganas de tener relaciones sexuales?». Esta es una pregunta que puede generar preocupación, culpa e incluso miedo. Quizá has notado que ya no sientes el mismo interés sexual que antes. Tal vez tu pareja quiere tener relaciones con mayor frecuencia y tú no sabes cómo explicarle que no tienes ganas.


O quizá nunca has sentido ese deseo que parece surgir de manera espontánea en las películas, en las conversaciones entre amistades o en las historias que escuchamos sobre la vida sexual de otras personas. Y entonces comienzas a preguntarte si algo está mal contigo.


Quiero invitarte a detenerte un momento antes de buscar una respuesta.


No hay nada de malo en no tener ganas de tener relaciones sexuales. La ausencia de deseo no significa, por sí sola, que exista un problema que necesite tratamiento.


Sin embargo, hemos aprendido a relacionar la sexualidad con la salud, la normalidad, el amor y el buen funcionamiento de una relación. Como resultado, cuando no tenemos ganas, podemos llegar a sentir que estamos fallando en algo que se supone que deberíamos disfrutar.


Como psicóloga, sexóloga humanista y terapeuta de pareja, una de las primeras preguntas que me interesa explorar con quienes llegan a consulta por esta preocupación es: ¿para ti es importante tener ganas?


No es una pregunta para restarle importancia a lo que estás viviendo. Al contrario, es una manera de comenzar a comprender qué te sucede sin dar por hecho que necesitas cambiar. Porque no es lo mismo extrañar el deseo sexual y querer recuperarlo que acudir a terapia porque tu pareja se molesta cuando no quieres tener relaciones. Aunque ambas situaciones pueden generar malestar, no necesariamente necesitan el mismo abordaje.


Antes de preguntarnos cómo recuperar las ganas, necesitamos saber de quién es esa preocupación, qué significa para ti no tener deseo y qué quieres hacer con ello.


La falta de deseo sexual: ¿por qué nos preocupa tanto no tener ganas?


Hemos aprendido que tener relaciones sexuales es sano, que forma parte de una vida normal y que todas las personas deberíamos querer hacerlo. También hemos recibido mensajes sobre la frecuencia con la que deberíamos tener sexo, cómo tendría que comenzar un encuentro erótico y cuál sería una respuesta adecuada cuando alguien nos propone tener relaciones.


Piensa, por ejemplo, en lo que vemos en las películas: alguien hace una insinuación sexual y la otra persona responde inmediatamente que sí. El encuentro comienza, el deseo parece estar ahí desde el primer momento y nadie necesita detenerse a preguntarse si realmente tiene ganas.


Cuando una persona no responde de esa manera, puede convertirse en objeto de críticas, bromas o comentarios que la hacen sentir diferente.


En consulta también encuentro que algunas personas se preocupan porque su deseo no coincide con lo que consideran esperado para su edad, su género o su relación de pareja.


Así, la pregunta «¿por qué no tengo ganas?» puede esconder otra inquietud: «¿Por qué no soy como se supone que debería ser?».


El problema aparece cuando convertimos una manera particular de vivir la sexualidad en una medida para evaluar a todas las personas. Tener muchas ganas, pocas ganas o no sentir interés por el sexo no puede utilizarse, por sí solo, para determinar si alguien está bien o mal.


Las personas somos diversas. Nuestra sexualidad también lo es.


Esto no significa que debamos ignorar los cambios en el deseo sexual ni dejar de buscar ayuda cuando algo nos preocupa. Significa que necesitamos distinguir entre una dificultad que realmente queremos atender y una diferencia que hemos aprendido a juzgar porque no encaja con las expectativas sociales.


No tenemos que demostrar que somos personas sexuales cumpliendo con una determinada cantidad de encuentros, ni justificar constantemente por qué no queremos tener relaciones.


Cuando tener relaciones sexuales se convierte en una obligación


En mi experiencia clínica, tener relaciones sexuales sin desearlas es una situación que aparece con frecuencia, particularmente entre mujeres que han aprendido que satisfacer sexualmente a su pareja forma parte de sus responsabilidades.


Durante generaciones se ha transmitido la idea de que una mujer debe cumplir con su marido. Muchas hemos escuchado frases que responsabilizan a las mujeres de una posible infidelidad masculina: si él busca a otra persona, se dice, es porque en casa no encontró lo que necesitaba.


Este aprendizaje coloca sobre las mujeres una carga que va mucho más allá del encuentro sexual. Si no tienen ganas, pueden sentirse culpables; si dicen que no, quizá temen que su pareja se moleste, se aleje o busque a alguien más.


A esto se suma otra creencia muy arraigada: tener relaciones sexuales es una manera de demostrar amor. La conocida «prueba de amor» refleja cómo podemos terminar utilizando el sexo para confirmar nuestros sentimientos, en lugar de vivirlo como una experiencia que elegimos compartir.


Pero ¿qué sucede cuando accedemos a tener relaciones para evitar un conflicto, tranquilizar a nuestra pareja o impedir que se sienta rechazada?


Podemos terminar desconectándonos de nuestras propias sensaciones y necesidades. En lugar de preguntarnos si queremos ese encuentro, nos concentramos en cumplir con lo que se espera de nosotras.


Los hombres también están atravesados por mandatos de género, aunque estos suelen expresarse de otras maneras. Se les enseña que siempre deben tener ganas, estar disponibles sexualmente y demostrar su masculinidad a través del deseo.


Cuando quieren tener relaciones con menor frecuencia que su pareja, pueden sentirse cuestionados o experimentar presión para responder sexualmente.


En ambos casos, el problema no es únicamente la frecuencia de las relaciones sexuales. También importa lo que hemos aprendido a pensar de nosotros mismos cuando no deseamos tenerlas.


Tener relaciones sexuales por obligación no es una prueba de amor, y decir que no tienes ganas no te convierte en una mala pareja.

Tu «no» es válido y debe ser respetado. Estar en una relación no elimina tu derecho a decidir sobre tu cuerpo ni te obliga a satisfacer sexualmente a otra persona.


¿Cuáles son las causas de la falta de deseo sexual?


Aunque no tener ganas de tener relaciones sexuales no significa automáticamente que exista una dificultad, hay situaciones en las que sí es importante explorar qué está ocurriendo.


Cuando alguien llega a consulta preocupado por su deseo, primero necesito conocer su historia. Una pregunta fundamental es si se trata de un cambio reciente o si nunca ha experimentado interés sexual de la manera en que espera hacerlo.


Esta diferencia nos permite abrir distintas líneas de exploración.


1. Dejaste de tener ganas y te preocupa el cambio

Si antes experimentabas deseo sexual y has notado una disminución que te genera malestar, es importante explorar qué ha cambiado en tu vida.


Entre los aspectos que pueden requerir atención están:

  • El consumo de determinados medicamentos.

  • La presencia de enfermedades o condiciones de salud que puedan influir en el deseo.

  • Los cambios relacionados con el posparto o las modificaciones en el deseo sexual en la menopausia.

  • Las experiencias previas de dolor al tener relaciones sexuales o de encuentros poco satisfactorios.

  • Las dificultades emocionales o de pareja que estés atravesando.

  • La relación que tienes con tu cuerpo y el conocimiento de tus propias sensaciones.


No se trata de asumir que alguna de estas situaciones explica necesariamente lo que te sucede. Tampoco podemos concluir que la causa está en la relación de pareja solo porque el deseo haya disminuido.


Necesitamos explorar tu historia, identificar los factores pertinentes y valorar si hace falta una evaluación médica u otro tipo de atención profesional.


2. Nunca has sentido ganas de tener relaciones sexuales

Hay personas que expresan que nunca han experimentado el deseo sexual que observan en otras personas o que creen que deberían sentir.


En estos casos, es importante considerar la posibilidad de que se identifiquen dentro del espectro de la asexualidad. La asexualidad forma parte de la diversidad sexual y no debe tratarse automáticamente como una enfermedad ni como algo que necesita corregirse.


Sin embargo, la ausencia de deseo, por sí sola, no basta para determinar que una persona es asexual. Es necesario explorar cómo vive su sexualidad, cómo se identifica y qué significado tiene para ella esta experiencia.


No todas las personas desean tener relaciones sexuales, y tampoco todas necesitan hacerlo para sentirse satisfechas con su vida. Lo importante es no imponer una explicación ni una etiqueta. Se trata de comprender la experiencia particular de cada persona.


3. Tu educación sexual te dejó pocas herramientas para conocerte

La educación sexual que recibimos influye en la manera en que comprendemos nuestro cuerpo, expresamos nuestras emociones y vivimos nuestros encuentros eróticos.


Cuando la educación ha estado marcada por el silencio, las prohibiciones, la vergüenza o las creencias familiares conservadoras, quizá tengamos pocas herramientas para reconocer lo que sentimos y comunicarlo.


Las creencias religiosas también pueden influir en algunas personas, especialmente cuando han aprendido a relacionar el deseo con algo incorrecto o vergonzoso. En estas circunstancias, puede ser difícil distinguir entre no tener ganas, sentir culpa por tenerlas, no saber cómo expresar lo que se desea o no haber encontrado experiencias eróticas satisfactorias.


Por eso, a veces necesitamos comenzar por algo que parece muy sencillo, pero que puede ser profundamente revelador: aprender a reconocer nuestras propias sensaciones y ponerles palabras.


¿Cómo saber si realmente no tengo deseo sexual?


En mi trabajo como terapeuta sexual, antes de ofrecer una explicación sobre el deseo, prefiero explorar cómo lo experimenta cada persona. Le pregunto cómo es su deseo, dónde lo siente, cómo se manifiesta y si hay algún pensamiento, situación o estímulo que lo active. Puede tratarse de una sensación corporal, una fantasía, una imagen o alguna experiencia que despierte su interés.


En ocasiones, resulta difícil describirlo con palabras. Entonces podemos recurrir a otros recursos: imaginar cómo sería ese deseo, visualizarlo, dibujarlo y explicar qué aparece en esa representación.


No busco que la persona encuentre una respuesta correcta. Me interesa conocer su experiencia y ayudarla a reconocer aspectos de su sexualidad que quizá nunca se había detenido a explorar.


Esto es especialmente importante porque no todas las personas experimentan el deseo de la misma manera.


El deseo sexual no siempre aparece antes del encuentro

Una de las ideas que hemos cuestionado al hablar del deseo sexual es que las ganas siempre deben aparecer espontáneamente, antes de cualquier acercamiento erótico.


En realidad, algunas personas experimentan un deseo espontáneo: sienten interés sexual sin que haya ocurrido algo que lo desencadene de manera inmediata.


Otras pueden experimentar deseo responsivo: inicialmente no sienten un interés sexual particular, pero este puede aparecer durante un encuentro erótico a partir de estímulos, sensaciones o experiencias que les resultan agradables.


Ambas formas de experimentar el deseo pueden ser válidas. El problema es que, cuando pensamos que las ganas deben aparecer siempre desde el principio, podemos interpretar cualquier otra experiencia como una señal de que algo está mal.


Ahora bien, reconocer que el deseo puede aparecer durante un encuentro no significa que debamos comenzar a tener relaciones sexuales sin quererlas, esperando que las ganas lleguen después.


La curiosidad, la disposición y el consentimiento de cada persona importan. Si no quieres participar en un encuentro, puedes decir que no, sin necesidad de justificarte.


Conocer cómo funciona tu deseo no significa aprender a cumplir mejor con las expectativas de alguien más. Significa ampliar las posibilidades de comprenderte y decidir qué quieres vivir.


¿Qué pasa cuando mi pareja quiere tener relaciones sexuales y yo no?


Pareja sentada en una mesa de madera en casa, pensativa y seria, con tazas, plantas y fruta en un ambiente cálido.

Las diferencias de deseo sexual en pareja, es decir, que dos personas de una relación quieran tener relaciones con distinta frecuencia, son una situación más común de lo que a veces pensamos.


Una persona puede desear encuentros sexuales frecuentes y la otra preferirlos de manera ocasional. También puede suceder que el deseo de alguna de las dos cambie con el tiempo.


Estas diferencias no significan automáticamente que una persona ame más que la otra, que exista una infidelidad o que la relación esté destinada a fracasar. Sin embargo, sí pueden generar sentimientos difíciles. Quien desea tener relaciones con mayor frecuencia puede experimentar rechazo o sentirse poco deseado. Quien tiene menos ganas puede sentirse presionado, culpable o cansado de tener que explicar constantemente sus razones.


Por eso, cuando trabajo con parejas, me interesa explorar qué está sintiendo cada persona y qué significado le está dando a lo que sucede. A veces, detrás de la discrepancia del deseo hay dificultades de comunicación, desconexión emocional o experiencias que han hecho que los encuentros sexuales dejen de resultar satisfactorios.


En otras ocasiones, simplemente existen diferencias en las necesidades, los intereses o las preferencias de cada quien.


La sexualidad en pareja es una experiencia compartida. Ambas personas participan en la construcción del vínculo erótico, en la comunicación de sus necesidades y en los acuerdos que desean establecer. Esto no significa que ambas tengan que querer lo mismo ni que deban negociar hasta encontrar una frecuencia sexual obligatoria. Significa que pueden hablar de lo que están viviendo con empatía, sin convertir el deseo de una persona en una exigencia para la otra.


Querer menos sexo no está mal. Querer más tampoco. Lo importante es que ninguna persona tenga que renunciar a su autonomía para sostener la relación.

Un caso de consulta: cuando el objetivo es tener deseo para que la pareja no se enoje


En mi práctica profesional he acompañado a mujeres que llegan a terapia porque su pareja considera que deberían tener más deseo sexual.


Recuerdo el caso de una mujer que acudió porque su pareja quería que ella recibiera atención terapéutica. Desde el inicio, la responsabilidad parecía recaer por completo en ella: era quien no tenía ganas y, por lo tanto, quien supuestamente necesitaba cambiar.


Durante la exploración, ella reconoció que tenía una vida sexual activa, pero le resultaba difícil identificar qué era sentir deseo sexual y cómo experimentaba su propio erotismo.

También aparecieron indicios de violencia en la relación que necesitaban ser considerados con cuidado.


El trabajo terapéutico permitió replantear el objetivo inicial. En lugar de trabajar para que sintiera deseo, tuviera más relaciones sexuales y evitara que su pareja se enojara o la dejara, comenzamos a explorar qué quería ella para sí misma: conocerse, identificar lo que sentía, descubrir qué le gustaba y desarrollar una relación más cercana con su propio erotismo.


A lo largo del proceso hizo descubrimientos significativos. Se interesó en conocerse, aprendió a poner límites y encontró maneras de expresar sus deseos. Incluso comenzó a compartir con su pareja algunos de sus hallazgos personales.

Sin embargo, para él esos cambios no fueron suficientes. La relación terminó.


Comparto esta experiencia porque me parece importante recordar que el éxito de un proceso terapéutico no puede medirse únicamente por el aumento de la frecuencia sexual ni por la permanencia de una relación.


Para ella, el proceso también significó cambiar la manera de relacionarse consigo misma y reconocer que su sexualidad no tenía que organizarse exclusivamente alrededor de las expectativas de su pareja.


Este caso me recuerda algo fundamental: cuando una persona llega a consulta, necesitamos escuchar qué quiere ella, no asumir que su objetivo debe ser convertirse en la pareja sexual que alguien más espera.


¿Cuándo es recomendable buscar ayuda profesional por falta de deseo sexual?


Buscar ayuda puede ser importante cuando has notado un cambio en tu deseo que te preocupa, cuando extrañas sentir interés sexual o cuando quieres comprender mejor tu sexualidad y explorar otras posibilidades.


También es importante recibir atención si existen síntomas físicos, dolor al tener relaciones sexuales, enfermedades, cambios relacionados con medicamentos u otras circunstancias que puedan estar influyendo en tu experiencia sexual.


En estos casos, puede ser necesario trabajar con un equipo multidisciplinario.

La valoración médica permite investigar posibles factores orgánicos y determinar si se requiere algún tratamiento. Cuando corresponde, el acompañamiento terapéutico puede ayudar a explorar las experiencias, emociones, creencias y aspectos relacionales vinculados con la sexualidad.


La atención debe partir de las necesidades de cada persona, no de la idea de que todas debemos tener ganas de tener relaciones sexuales.


En terapia sexual no se trata de convencerte de que necesitas más sexo. Se trata de comprender lo que estás viviendo y acompañarte en aquello que deseas trabajar.

Si no tener ganas te genera malestar y quieres recuperar el deseo, podemos explorar qué está ocurriendo. Si tu preocupación proviene principalmente de la presión de tu pareja, necesitamos mirar también esa dinámica y lo que significa para ti.


Y si descubres que no deseas tener relaciones sexuales y eso no te genera malestar, tampoco es necesario inventar un problema que no estás experimentando.


Quizá no necesitas tener más ganas, sino sentirte con más libertad para elegir


Mujer relajada en sillón con taza y cuaderno, pensativa; fondo con plantas.

Quiero cerrar con una invitación a mirar la pregunta inicial desde otra perspectiva.

Cuando te preguntas «¿por qué no tengo ganas de tener relaciones sexuales?», quizá también puedas preguntarte: ¿por qué me importa tanto tener ganas? ¿Me preocupa porque extraño el deseo y quiero comprender qué ha cambiado? ¿Por qué no disfruto mi vida sexual como me gustaría? ¿O porque temo decepcionar a mi pareja, que me juzguen o que alguien piense que no soy una persona normal?


Las respuestas pueden ser distintas para cada quien. Por eso no me parece adecuado ofrecer una solución universal ni convertir el deseo sexual en una meta que todas las personas debamos alcanzar.


La sexualidad puede ser una posibilidad de encuentro, placer, curiosidad y conexión. Pero también es un espacio de autonomía, donde tenemos derecho a elegir, a pedir, a explorar y a decir que no.


Si descubres que hay una dificultad que te genera malestar, puedes buscar ayuda profesional. No tienes que resolverla a solas ni conformarte con una situación que no deseas.


Pero tampoco tienes que tratar de cambiar únicamente para encajar en un modelo que no representa tu experiencia.


Me gustaría que pudiéramos hablarnos de nuestra sexualidad con más empatía y compasión, sin juicios ni críticas.


Que pudiéramos reconocer nuestras diferencias sin convertirlas en defectos y que dejáramos de medirnos con una expectativa que no contempla la diversidad de nuestras experiencias.


Porque quizá ese «no tengo ganas» no sea solamente una pregunta que necesita una explicación. Puede ser también una invitación a escucharte, conocerte y descubrir qué quieres para ti.


Preguntas frecuentes sobre la falta de deseo sexual

¿Es normal no tener ganas de tener relaciones sexuales?

No existe una única frecuencia sexual que todas las personas deban cumplir. Hay quienes experimentan deseo con frecuencia, quienes lo sienten ocasionalmente y quienes no tienen interés en mantener relaciones sexuales.


La ausencia de deseo no significa automáticamente que exista una dificultad. Es importante explorar si representa un cambio que preocupa a la persona o si el malestar proviene de las expectativas sociales o de la presión de su pareja.


¿Por qué ya no tengo ganas de tener relaciones sexuales con mi pareja?

La disminución del deseo puede relacionarse con distintos factores, como cambios en la salud, medicamentos, posparto, menopausia, experiencias sexuales poco satisfactorias, dificultades emocionales o situaciones dentro de la relación.


No hay una explicación única. Cuando el cambio te preocupa, conviene explorar tu historia y valorar si necesitas atención médica, terapéutica o ambas.


¿Si no tengo ganas de tener relaciones sexuales significa que ya no amo a mi pareja?

No necesariamente. El deseo sexual y el amor no son lo mismo, y no siempre se experimentan de manera simultánea.


Puedes amar a tu pareja y no tener ganas de mantener relaciones sexuales. Si esto genera dificultades en la relación, es importante hablar de lo que cada persona siente sin interpretar automáticamente la falta de deseo como rechazo o desamor.


¿Debo tener relaciones sexuales aunque no tenga ganas para cuidar mi relación?

No. Tener una relación de pareja no te obliga a mantener relaciones sexuales. Tu consentimiento es necesario y tu decisión de no participar en un encuentro debe respetarse.


Cuidar una relación implica escuchar las necesidades de ambas personas, pero no exige que renuncies a tus límites ni que tengas sexo por miedo a que tu pareja se enoje o se marche.


¿La falta de deseo sexual puede estar relacionada con la asexualidad?

Sí, es una posibilidad que puede explorarse cuando una persona nunca ha experimentado interés sexual o se reconoce dentro del espectro de la asexualidad.

Sin embargo, no sentir ganas de tener relaciones sexuales no significa automáticamente que una persona sea asexual.


Es importante conocer cómo vive su sexualidad, cómo se identifica y qué significado tiene esa experiencia para ella, sin imponer etiquetas.


¿Qué puedo hacer si mi pareja tiene más deseo sexual que yo?

El primer paso es hablar sobre lo que cada persona está sintiendo. La discrepancia del deseo no convierte a ninguna de las dos en responsable de resolverlo por su cuenta.


Puede ser útil explorar qué significado tienen las relaciones sexuales para cada quien, qué necesitan de la relación y cómo pueden comunicarse sin presión ni juicios.


Si la diferencia genera malestar y ambas personas desean trabajar en ello, la terapia de pareja o la terapia sexual pueden ofrecer un espacio de acompañamiento.



Escrito originalmente por Maru Reynaga y revisado por la Dra. Lorena Olvera.


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