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¿Por qué siento dolor al tener relaciones sexuales? Causas y qué hacer

14 oct
11 min de lectura

Mujer sentada en la cama reflexionando sobre las molestias y el dolor que experimenta durante las relaciones sexuales.

¿Por qué me duele tener relaciones sexuales si debería ser algo placentero? Esta es una pregunta que muchas personas se hacen en silencio, especialmente cuando el dolor aparece durante la penetración y comienza a afectar su deseo, su relación de pareja y la manera en que viven su sexualidad.


En consulta sexológica he escuchado a mujeres describir cómo sienten dolor en la entrada de la vagina, molestias con el movimiento de entrada y salida del pene o una sensación de presión intensa durante la penetración. Algunas también refieren falta de excitación y lubricación. Sin embargo, lo que más me preocupa es que muchas llevan años soportando estas experiencias porque creen que es parte de cumplir con su papel como pareja.


A veces, el temor a que la pareja busque a otra persona, la vergüenza de reconocer que no disfrutan los encuentros o la idea de que algo está mal en ellas hace que continúen teniendo relaciones sexuales dolorosas.


Quiero decirte algo desde mi experiencia como sexóloga:

no tienes que soportar el dolor para demostrar amor, mantener una relación o cumplir con las expectativas sexuales de otra persona. 

Tu experiencia importa y merece ser escuchada sin juicios.


¿Es normal sentir dolor al tener relaciones sexuales?


El dolor durante las relaciones sexuales no debe normalizarse ni considerarse un requisito para disfrutar de la sexualidad. Aunque algunas molestias pueden ser ocasionales, si sientes dolor de manera recurrente, intenso o que te preocupa, conviene buscar atención para comprender qué está ocurriendo.


El dolor puede aparecer al iniciar la penetración, durante los movimientos, cuando la penetración es profunda o incluso después del encuentro sexual. También puede presentarse al utilizar juguetes sexuales, introducir un tampón o durante una revisión ginecológica.


No todas las personas experimentan el dolor de la misma manera. Algunas lo describen como ardor, presión, pinchazos o una sensación de desgarro. Otras sienten que algo golpea una zona interna o que la penetración resulta imposible.


Identificar cómo se presenta el dolor es un primer paso para comprenderlo. No se trata de acostumbrarse a él, sino de averiguar qué lo provoca y qué atención puede ayudar.


¿Dónde te duele al tener relaciones sexuales?


La localización del dolor ofrece información importante para orientar la valoración médica y sexológica.


Dolor en la entrada de la vagina

Si sientes dolor cuando comienza la penetración, puede manifestarse como ardor, pinchazos, presión o una sensación de que la entrada vaginal se cierra. En algunos casos, también existe dificultad para introducir tampones o realizar una revisión ginecológica.


Entre los factores que pueden relacionarse con estas molestias se encuentran la sequedad vaginal, algunas infecciones, la vulvodinia, la tensión de la musculatura del suelo pélvico y las dificultades de penetración asociadas con contracciones musculares involuntarias, tradicionalmente conocidas como vaginismo.


No todas las personas que sienten dolor en esta zona tienen la misma causa. La valoración profesional permite investigar cada situación.


Dolor durante la penetración profunda

Hay personas que no sienten molestias al comenzar la penetración, pero experimentan dolor cuando esta es más profunda o cuando el movimiento se repite.


En ocasiones, describen una sensación de presión o de golpes en una zona interna. El dolor puede variar según la profundidad, la posición sexual o las circunstancias del encuentro.


No es conveniente concluir que se trata únicamente de una cuestión de postura. El dolor profundo también puede estar relacionado con condiciones ginecológicas, como la endometriosis, que necesitan valoración médica.


Dolor después de las relaciones sexuales

Las molestias no siempre terminan cuando finaliza el encuentro. Algunas personas continúan sintiendo dolor, ardor o sensibilidad después de la penetración.


Si el dolor se repite, empeora o aparece acompañado de sangrado, es importante consultar con un profesional de la salud para investigar su origen.


¿Cuáles son las causas del dolor en el sexo?


No existe una sola explicación para el dolor sexual, también conocido en determinados contextos clínicos como dispareunia. En una misma persona pueden coincidir factores físicos, emocionales, culturales y relacionales. Por eso conviene evitar las conclusiones apresuradas.


1. Falta de excitación y lubricación vaginal

La excitación sexual y la lubricación pueden facilitar una experiencia más cómoda durante la penetración. Cuando la lubricación es insuficiente, el roce puede provocar molestias o dolor.


Esto puede relacionarse con una excitación insuficiente, pero también con cambios hormonales, como los que pueden aparecer durante la menopausia, el posparto o la lactancia, así como con determinados medicamentos.


En el caso del deseo sexual en la menopausia, los cambios hormonales y corporales pueden influir en cómo se experimenta la excitación y el placer, aunque no todas las personas los viven de la misma manera.


Es importante recordar que la lubricación no es una medida infalible del deseo. Que el cuerpo no lubrique lo suficiente no significa necesariamente que una persona no quiera a su pareja o no sienta atracción por ella.


2. Infecciones y otras condiciones físicas

Algunas infecciones vaginales o urinarias pueden producir ardor, irritación y dolor durante las relaciones sexuales.


También existen otras condiciones ginecológicas, como determinados problemas dermatológicos de la vulva, cambios hormonales o endometriosis, que pueden ocasionar molestias durante la penetración.


Por eso no debemos atribuir automáticamente el dolor a la falta de excitación o a una dificultad emocional.


Si existe sangrado después del sexo, dolor intenso o persistente, o molestias acompañadas de otros síntomas, se necesita una valoración médica.


3. Vaginismo y tensión del suelo pélvico

El término vaginismo se ha utilizado para describir dificultades de penetración asociadas con contracciones involuntarias de los músculos que rodean la vagina. Estas dificultades pueden acompañarse de dolor, miedo o tensión anticipatoria.


Cuando una persona ha experimentado dolor previamente, puede comenzar a temer que vuelva a ocurrir. Ese temor puede aumentar la tensión muscular y hacer que la siguiente experiencia resulte todavía más difícil.


Esto no significa que el dolor sea imaginario. La experiencia es real y merece una atención que considere tanto los aspectos físicos como los emocionales.


4. Estrés, ansiedad y miedo a sentir dolor

Llegar a un encuentro sexual con preocupaciones, tensión o miedo puede dificultar la relajación y la excitación.


Cuando el dolor ya ha aparecido en otras ocasiones, es posible que la persona anticipe una nueva experiencia desagradable incluso antes de comenzar. Así puede formarse un círculo en el que el miedo aumenta la tensión y la tensión contribuye a que la penetración resulte dolorosa.


La ansiedad de desempeño sexual también puede intensificar la presión por responder de determinada manera durante el encuentro íntimo.


En estos casos, conviene dejar de vivir cada encuentro como una prueba que hay que superar.


5. Experiencias sexuales traumáticas o sin consentimiento

Las experiencias de abuso, los encuentros sexuales sin consentimiento o las situaciones en las que una persona se ha sentido obligada pueden influir en la manera en que vive su sexualidad.


Estas experiencias requieren un acompañamiento cuidadoso, respetuoso y libre de juicios. No es necesario compartir detalles para los que una persona todavía no se siente preparada.


Tampoco debemos suponer que cualquier persona que experimenta dolor sexual tiene antecedentes traumáticos.


6. Creencias culturales y expectativas sexuales

Todavía escuchamos ideas como «la primera vez siempre duele», «si quiero a mi pareja debo aguantar» o «el sexo tiene que terminar con penetración».


Estos mensajes pueden llevar a muchas personas a ignorar sus sensaciones corporales y a colocar el placer de su pareja por encima del propio.


Desde una perspectiva de género, es necesario cuestionar las expectativas que hacen que algunas personas, especialmente las mujeres, sientan que deben estar siempre disponibles sexualmente o que son responsables de satisfacer a su pareja.


Una de estas creencias está relacionada con el coitocentrismo, que coloca la penetración como práctica central o indispensable de la vida sexual, dejando en segundo plano otras posibilidades de placer.


7. Dificultades en la relación de pareja

La falta de comunicación, la desconfianza, la presión para tener relaciones sexuales o los conflictos que no se han resuelto pueden influir en la experiencia erótica.


Si una persona teme decir que algo le duele porque piensa que su pareja se molestará, se alejará o buscará a alguien más, es probable que termine callando lo que siente.

La intimidad necesita un espacio donde sea posible expresar deseos, límites, inseguridades y necesidades sin temor a ser juzgada o juzgado.


¿Cuándo debes acudir al médico por dolor durante las relaciones sexuales?


Profesional de la salud conversando con una mujer durante una consulta para investigar las posibles causas del dolor en las relaciones sexuales.

Si experimentas dolor de manera recurrente, no esperes a que la situación se vuelva insoportable para buscar ayuda.


Es especialmente importante solicitar una valoración médica si presentas:

  • Dolor persistente o que empeora con el tiempo.

  • Sangrado después de las relaciones sexuales.

  • Ardor, picazón, flujo diferente o molestias al orinar.

  • Dolor intenso durante la penetración profunda.

  • Dificultad o imposibilidad para la penetración.

  • Dolor que también aparece al utilizar tampones o durante una revisión ginecológica.


Si el dolor es repentino e intenso, especialmente si se acompaña de sangrado abundante, desmayo, fiebre o posibilidad de embarazo, busca atención médica urgente.


La valoración ginecológica permite investigar posibles causas físicas y determinar si se necesita tratamiento. Según el caso, el abordaje puede incluir atención ginecológica, fisioterapia especializada del suelo pélvico, tratamiento hormonal u otras intervenciones indicadas por profesionales de la salud.


La terapia sexual también puede ayudar a trabajar el miedo, las creencias, la comunicación y la recuperación del disfrute. Cuando es necesario, ambas atenciones pueden complementarse.


Un caso de consulta: cuando la penetración se convierte en algo que se desea terminar cuanto antes


Recuerdo el caso de una consultante que experimentaba un dolor intenso durante la penetración. Describía la sensación como si el pene golpeara su útero y, en algunas ocasiones, presentaba sangrado después de los encuentros sexuales.


Además del dolor, existía una dificultad importante: no se atrevía a decirle a su pareja que la penetración le dolía y que no estaba disfrutando. Lo único que deseaba era que el encuentro terminara cuanto antes.


En lugar de asumir que el dolor era normal o que debía aprender a soportarlo, trabajamos de manera conjunta con una ginecóloga para investigar su origen. La valoración ginecológica no identificó una causa física en esa revisión, por lo que continuamos explorando alternativas desde el trabajo sexológico, sin considerar descartadas todas las posibles causas médicas.


Trabajamos con posiciones en las que pudiera regular la profundidad de la penetración y explorar aquellas en las que tuviera mayor control sobre el movimiento, siempre evitando continuar con prácticas que provocaran dolor. También abordamos la posibilidad de disfrutar de encuentros eróticos sin penetración.


Este caso permite observar algo importante: la sexualidad no tiene que vivirse como una experiencia que una persona desea terminar cuanto antes para cumplir con su pareja.

El objetivo no es conseguir que alguien tolere mejor el dolor para continuar con la penetración.

Es comprender qué sucede, buscar la atención necesaria y abrir posibilidades para vivir la intimidad de una manera más satisfactoria.


¿Qué puedes hacer para disfrutar de la sexualidad sin dolor?


Mientras investigas la causa del dolor, puedes explorar otras maneras de vivir la intimidad que no impliquen continuar con una práctica dolorosa.


No se trata de sustituir una obligación por otra ni de conseguir que todos los encuentros terminen en orgasmo. Se trata de recuperar la libertad de elegir qué deseas experimentar.


Habla con tu pareja sobre lo que estás sintiendo

Pareja adulta conversando con calma y tomándose de las manos mientras comparte sus necesidades y límites relacionados con la intimidad sexual.

Puede resultar difícil decir «me duele» o «no estoy disfrutando», especialmente cuando existe miedo a decepcionar a la otra persona. Sin embargo, comunicar lo que ocurre permite que ambos comprendan la situación y busquen alternativas.


Puedes expresar que deseas compartir intimidad, pero que necesitas dejar de realizar aquello que te produce dolor. No tienes que justificarte por poner un límite.


Recuerda que el consentimiento también significa poder detenerse

Tener pareja no significa estar siempre disponible para mantener relaciones sexuales.

Puedes aceptar un encuentro y cambiar de opinión durante su desarrollo. Puedes disfrutar de los besos y las caricias y decidir que no deseas continuar. También puedes decir que no desde el principio.


Si aparece dolor, es válido detener la práctica. Tu pareja debe respetar esa decisión.


Explora el masaje erótico y el juego sensorial

Puedes convertir la cama en un espacio de exploración sin prisa. El masaje puede comenzar por zonas como las manos, el cuello, la espalda y los pies, y continuar hacia otras partes del cuerpo si ambas personas lo desean.


El objetivo no tiene que ser llegar a la penetración ni alcanzar un orgasmo. Pueden centrarse en sentir, descubrir qué caricias resultan agradables y comunicar qué les gusta.


Descubre la masturbación mutua

La masturbación mutua permite observar, tocar y guiar a la pareja sin necesidad de penetración.


Pueden explorar ritmos, presiones y caricias, siempre preguntando y respetando los límites de cada persona. No existe la obligación de corresponder inmediatamente ni de alcanzar un resultado determinado.


Explora el sexo oral y el contacto entre los cuerpos

El sexo oral, las caricias genitales externas y el contacto piel con piel pueden formar parte de una experiencia sexual satisfactoria sin penetración.


También pueden explorar el roce de los genitales externos o el contacto entre los muslos, si resulta agradable para ambos.


Ninguna de estas prácticas es obligatoria ni garantiza que no haya molestias. Lo importante es elegirlas libremente y detenerse si aparece dolor.


Utiliza juguetes sexuales si te resultan agradables

Los vibradores externos, incluidos los de varita y los estimuladores del clítoris, permiten explorar sensaciones sin introducir objetos en la vagina.


Si decides utilizar juguetes internos, es importante que puedas controlar su profundidad y movimiento, y que no provoquen dolor. Si la penetración resulta dolorosa, no debes forzarla para acostumbrarte.


Recupera el placer sin convertirlo en otra exigencia

A veces, incluso las alternativas eróticas pueden sentirse como una tarea cuando existe la presión de tener que disfrutar.


Por eso, puede ser útil acordar encuentros en los que no haya una meta sexual. Pueden besarse, acariciarse, darse masajes o simplemente compartir un momento de intimidad.

El placer no necesita demostrarse ni medirse.

Cada persona puede descubrir qué le gusta y qué desea compartir.


Mitos sobre el dolor durante las relaciones sexuales que necesitamos cuestionar

Hay creencias que todavía influyen en la manera en que las personas viven su sexualidad. Revisarlas permite abrir espacio a experiencias más respetuosas y satisfactorias.


«La primera vez siempre duele».

No tiene por qué ser así. El dolor no es un requisito de la primera experiencia sexual ni una prueba de que algo se haya hecho correctamente.


«Si quiero a mi pareja, tengo que aguantar».

El amor no exige soportar dolor. Una relación puede incluir deseo, cariño y compromiso sin que una persona tenga que renunciar a sus límites corporales.


«Si no disfruto la penetración, tengo un problema sexual».

La penetración no es la única manera de experimentar placer. Cada persona tiene preferencias y formas diferentes de disfrutar. Si existe dolor, merece atención, pero no disfrutar de la penetración por sí solo no significa que una persona tenga un problema sexual.


«Si no lubrico, significa que no deseo a mi pareja».

La lubricación puede variar por distintos motivos y no siempre refleja el deseo. Conviene explorar qué está ocurriendo en lugar de interpretar automáticamente la respuesta corporal como falta de atracción.


«El sexo siempre debe terminar con penetración».

No existe una obligación de penetrar ni de realizar una práctica determinada. La intimidad puede incluir muchas formas de contacto, placer y conexión.


«Si mi pareja siente placer, el encuentro ha sido satisfactorio».

El disfrute de ambas personas importa. La sexualidad compartida no debería construirse a partir de que una persona obtiene placer mientras la otra soporta dolor en silencio.


¿Se puede recuperar el disfrute de las relaciones sexuales?


Sí, es posible encontrar formas de vivir la sexualidad con mayor comodidad y satisfacción, aunque el camino depende de la causa del dolor y de las necesidades de cada persona.


En algunos casos será necesario un tratamiento médico; en otros, puede ayudar la fisioterapia del suelo pélvico, la terapia sexual o la combinación de diferentes abordajes.

Desde mi trabajo como sexóloga, considero importante acompañar cada proceso desde una perspectiva de género y sin juzgamientos. No se trata de señalar a la persona por lo que siente, por sus experiencias anteriores o por las decisiones que ha tomado dentro de su relación.


Se trata de escuchar su historia, comprender cómo vive su cuerpo, explorar sus creencias y ayudarle a reconocer que tiene derecho a una sexualidad que no esté basada en el miedo o la obligación.


No todas las personas necesitarán el mismo tratamiento, y no existe una única manera de vivir la intimidad. Por eso es importante evitar las soluciones universales y construir un acompañamiento acorde con cada situación.


Mereces disfrutar de tu sexualidad sin dolor


Si te duele tener relaciones sexuales, no tienes que acostumbrarte ni esperar a que el dolor afecte por completo tu deseo o tu relación de pareja.


Puedes empezar por reconocer lo que sientes, reflexionar sobre tu experiencia, compartirlo con tu pareja si la tienes y buscar una valoración profesional. Investigar las posibles causas es importante para saber qué atención necesitas.


También puedes cuestionar las creencias que te han llevado a pensar que debes estar siempre disponible, que la penetración es indispensable o que el placer de tu pareja debe estar por encima del tuyo.


La intimidad puede vivirse de una manera más amorosa, con comunicación, respeto y libertad para elegir. Existen muchas formas de compartir placer, y ninguna debería exigirte que ignores tu propio cuerpo.


El dolor durante el sexo tiene distintas causas y muchas de ellas pueden tratarse. El primer paso es dejar de normalizarlo y empezar a hablar de ello.


Mereces una sexualidad en la que el dolor no tenga que formar parte de tus encuentros. Y sí, es posible trabajar para construirla.



Escrito originalmente por Connie Salinas y revisado por la Dra. Lorena Olvera.

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