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Problemas de pareja: cómo afrontarlos y cuidar el vínculo

hace 6 días
5 min de lectura

Pareja conversando con calma y escuchándose durante una conversación sobre un problema de la relación.

Los problemas de pareja forman parte de cualquier relación. Dos personas pueden quererse y, aun así, tener desacuerdos, sentirse distantes o atravesar momentos en los que parece difícil entenderse. El problema no siempre está en que exista un conflicto, sino en cómo se enfrenta.


Desde mi experiencia como terapeuta sexual, algunos de los motivos que encuentro con mayor frecuencia son la mala comunicación, los celos, la falta de tiempo de calidad y los problemas sexuales. Cada uno puede tener características diferentes, pero existe algo que los conecta: cuando dejamos de hablar de lo que sentimos y necesitamos, el conflicto puede crecer hasta convertirse en un problema mucho mayor.


¿Cómo afrontar los problemas de pareja?

El primer paso es saber cuál es el motivo de consulta o qué está generando el malestar en la relación. Esto permite identificar qué necesita trabajarse y no intentar resolver todo al mismo tiempo.


Una pareja puede acudir porque discute constantemente, porque existen celos, porque ya no comparten momentos juntos o porque su vida sexual ha cambiado. Conocer qué está ocurriendo permite comenzar a trabajar desde una necesidad concreta.


1. Mejorar la comunicación en pareja

Una comunicación poco clara puede generar malentendidos y frustraciones. Muchas veces las parejas hablan, pero no necesariamente logran comunicar lo que realmente sienten.


Por eso considero fundamental escuchar activamente. Prestar atención a lo que la otra persona está diciendo no solamente favorece el entendimiento, también demuestra respeto. Cuando cada integrante de la pareja siente que su opinión es tomada en cuenta, el conflicto puede disminuir.


También necesitamos aprender a hablar de las emociones que aparecen durante un conflicto y a expresar lo que sentimos sin caer en la crítica en la pareja, convirtiendo a la otra persona en el problema. Evitar decir cómo nos sentimos puede hacer que la comunicación se vuelva cada vez más complicada.


Una herramienta que puede ayudar es establecer un momento específico para conversar. Por ejemplo, una vez a la semana pueden tener un espacio para hablar sobre cómo se sienten dentro de la relación y abordar algún conflicto común.


No se trata de esperar a que exista una pelea para hablar. Se trata de crear un espacio para cuidar la comunicación antes de que el problema crezca.

2. Hablar de los celos y de las inseguridades

Los celos pueden aparecer dentro de una relación, pero cuando se vuelven excesivos comienzan a afectar el vínculo.


En muchas ocasiones pueden estar relacionados con inseguridades propias o con experiencias anteriores. Por eso conviene identificar qué hay detrás de los celos y trabajar aquello que los está provocando, en lugar de permitir que el conflicto escale.


Hablar en pareja sobre las inseguridades, los acuerdos y los límites puede brindar mayor seguridad y compromiso. Para hacerlo, es necesario construir un diálogo basado en la confianza.


No se trata solamente de preguntarle a la pareja qué está haciendo o con quién está. También necesitamos poder expresar: “esto me genera inseguridad”, “esto me hace sentir miedo” o “necesito hablar contigo sobre lo que estoy sintiendo”.


3. Recuperar el tiempo de calidad y la conexión en pareja


Pareja compartiendo tiempo de calidad durante un paseo tranquilo y conectando fuera de las responsabilidades cotidianas.

Cuando una pareja comienza a vivir en el mismo espacio, puede ocurrir algo curioso: comparten mucho tiempo, pero dejan de vivirse como pareja.


La rutina diaria puede hacer que las conversaciones se reduzcan a pendientes, responsabilidades y actividades de todos los días. Poco a poco puede aparecer la sensación de distancia, de no sentirse validado o incluso de insatisfacción dentro de la relación.


El tiempo de calidad no significa pasar muchas horas juntos. Puede ser algo tan sencillo como salir a caminar al parque tomados de la mano, contemplar un atardecer o ir por un helado a un lugar nuevo.


También puede ser útil recordar las actividades recreativas que disfrutaban antes de vivir juntos y retomarlas.


A veces recuperar la conexión no requiere grandes planes. Requiere volver a mirarse como pareja y no solamente como dos personas que comparten responsabilidades.


4. Hablar de los problemas sexuales sin tabúes

La sexualidad también forma parte de la relación de pareja. Cuando existen dificultades en esta área, pueden aparecer tensiones que terminan afectando otros aspectos del vínculo.


Sin embargo, hablar sobre satisfacción sexual puede resultar difícil. Algunas personas evitan hacerlo porque tienen miedo de hacer sentir mal a su pareja o porque creen que hablar de lo que no funciona significa señalar un fracaso.


Desde mi perspectiva, poder hablar de la sexualidad debería ser una de las formas de comunicación más libres dentro de una pareja.


Preguntarse qué les gusta, cómo les gusta y qué necesitan permite conocer mejor la experiencia erótica de ambos. También puede ser útil hablar de los llamados frenos y aceleradores del deseo: aquello que disminuye el deseo y aquello que ayuda a despertarlo.


Además, un encuentro erótico no tiene que reducirse al coito o la penetración. Cuestionar el coitocentrismo permite reconocer otras formas de intimidad, como los abrazos, las caricias, el contacto físico o simplemente compartir un momento juntos mirando una serie. La intimidad también puede estar en los abrazos, las caricias, el contacto físico o simplemente compartir un momento juntos mirando una serie.


La sexualidad puede ser una oportunidad para volver a conectar emocionalmente y descubrir nuevas formas de disfrutarse como pareja.


Una herramienta para afrontar los conflictos: la cita de pareja


Persona tomando una pausa para regularse emocionalmente antes de retomar una conversación difícil con su pareja.

Una estrategia que recomiendo es establecer una cita una vez por semana. Puede ser en una cafetería, un restaurante o incluso en casa, procurando darle un toque romántico.

La intención es crear un espacio destinado a la pareja y no solamente a resolver pendientes.


Durante esa cita pueden elegir un conflicto común y hablar sobre él de una manera diferente. Ambos pueden establecer un acuerdo y revisar posteriormente cómo se han sentido al ponerlo en práctica.


Pero hay algo fundamental: no es necesario continuar una conversación cuando alguno de los dos comienza a escalar emocionalmente.


En esos momentos pueden utilizar el tiempo fuera.


Pedir un tiempo fuera no significa abandonar a la pareja ni terminar la conversación. Significa poder comunicar: “Necesito unos minutos para tranquilizarme porque, en este momento, continuar hablando puede hacer que la situación empeore”.


La diferencia está en no desaparecer. Conviene comunicar que se necesita espacio y, al mismo tiempo, hacer saber que se regresará para continuar hablando con mayor calma.


¿Por qué es importante aprender a pedir un tiempo fuera?

En consulta he observado cómo esta herramienta puede cambiar la manera en que una pareja vive un conflicto.


En uno de los casos que atendí, uno de los integrantes de la pareja vivía con ansiedad y miedo al abandono. Durante los conflictos, cuando su pareja se alejaba del espacio donde estaban sin decirle nada, esto se convertía en un detonante relacionado con una herida del pasado.


Trabajar el tiempo fuera les permitió hacer algo diferente.


En lugar de que uno se fuera sin explicar y el otro interpretara ese alejamiento desde su miedo, pudieron comenzar a comunicar lo que estaba sucediendo: necesitaban tomar un espacio para tranquilizarse, pero regresarían para continuar hablando.


Esto les permitió dejar de conectar el conflicto presente con heridas del pasado.


Y aquí encontramos algo fundamental para afrontar los problemas de pareja:

una pausa no tiene por qué significar abandono.

Cuando se comunica adecuadamente, puede convertirse en una forma de cuidar la conversación y también de cuidar al otro.


Lo importante no es evitar todos los conflictos

Pretender que una pareja nunca tenga problemas no es una meta realista. Lo importante es aprender qué hacer cuando aparecen.


Hablar de las emociones, escuchar activamente, expresar inseguridades, establecer acuerdos, recuperar espacios de pareja y poder hablar de la sexualidad sin tabúes son herramientas que pueden ayudar a construir una relación más cercana.


También necesitamos reconocer cuándo una conversación necesita detenerse para evitar que las emociones sigan escalando.


Afrontar los problemas de pareja no significa ganar una discusión.

Significa poder mirar lo que está ocurriendo entre ambos y preguntarse qué podemos hacer diferente para seguir construyendo nuestra relación.


Porque muchas veces el conflicto no necesita que uno de los dos tenga la razón. Necesita que ambos puedan sentirse escuchados, comprendidos y seguros dentro del vínculo.


Escrito originalmente por Connie Salinas y revisado por la Dra. Lorena Olvera.

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