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Cómo elegir un terapeuta LGBTQ+ y cómo puede ayudarte a salir del clóset

21 sept
9 min de lectura

Persona LGBTQ+ conversando con una terapeuta en un espacio tranquilo de terapia afirmativa.

Buscar un terapeuta LGBTQ+ cuando estás descubriendo o cuestionando tu orientación sexual o identidad de género puede ser un paso importante, pero también puede generar muchas dudas: ¿esta persona me comprenderá?, ¿tendré que explicarle todo?, ¿intentará colocarme una etiqueta?, ¿querrá convencerme de algo?


Un terapeuta que realmente entienda los temas LGBTQ+ no debería hacerte sentir que tienes que justificar quién eres. Tampoco tendría que tratar tu orientación sexual o identidad de género como el problema que debe resolver.


La terapia afirmativa LGBTQ+ puede ayudarte a comprender lo que estás viviendo, reconocer tus emociones y decidir si deseas salir del clóset, con quién y en qué momento. Sin embargo, esta decisión siempre debe respetar tu historia, tus tiempos y tu seguridad.


¿Qué significa que un terapeuta entienda los temas LGBTQ+?


No se trata únicamente de haber leído sobre diversidad sexual. Tampoco basta con conocer a una persona LGBTQ+ o tener una amistad cercana que pertenezca a la comunidad.


Comprender estos temas requiere una mirada mucho más amplia sobre las intersecciones que atraviesan a una persona cuando descubre que su orientación sexual o su identidad de género no coinciden con lo que su familia, su cultura o su entorno esperaban de ella.


La diversidad sexual y de género no es una enfermedad que deba curarse ni una equivocación que alguien tenga que corregir. Con frecuencia, el dolor no nace de la orientación o la identidad, sino de vivir en una sociedad cargada de prejuicios, estigmas heredados y expectativas que pocas veces se cuestionan.


Por eso, un acompañamiento adecuado necesita mirar a la persona completa: su familia, historia, cultura, trabajo, contexto económico y social, experiencias de discriminación, redes de apoyo y condiciones de seguridad.


Cómo saber si un terapeuta LGBTQ+ es realmente afirmativo


Uno de los primeros indicadores aparece desde el inicio de la conversación. Un terapeuta respetuoso puede preguntarte cuáles son tus pronombres y cómo deseas que se refiera a ti, independientemente de lo que suponga a partir de tu apariencia o expresión de género.


También conviene prestar atención a su lenguaje. Por ejemplo, si te pregunta si tienes pareja, ¿asume inmediatamente cuál es el género de esa persona o formula la pregunta de manera abierta? Estos pequeños detalles revelan si sabe relacionarse con la diversidad sin colocar la heterosexualidad o las identidades cisgénero como norma automática.


La forma en la que anuncia sus servicios también puede aportar información, aunque es necesario observarla con cuidado. Usar los colores de la bandera LGBTQ+ o escribir la palabra “incluyente” no garantiza que tenga la formación, sensibilidad o postura necesarias. En ocasiones, estos elementos funcionan más como marketing que como reflejo de una práctica verdaderamente afirmativa.


Tienes derecho a preguntarle directamente:

  • ¿Qué formación tiene en diversidad sexual y de género?

  • ¿Ha acompañado anteriormente a personas LGBTQ+?

  • ¿Desde qué postura trabaja estos temas?

  • ¿Cómo entiende los derechos y la dignidad de las personas LGBTQ+?

  • ¿Cómo comprende las experiencias sociales de discriminación, exclusión y búsqueda de reconocimiento que puede vivir la comunidad?


No necesitas hacerle un examen, pero sí puedes observar si responde con claridad y tranquilidad o si evita definirse frente a cuestiones fundamentales.


Señales de alerta al elegir terapeuta


Existen preguntas que pueden presentarse como exploración terapéutica, pero que en realidad parten del prejuicio de que la diversidad tiene una causa anormal.


Una señal de alerta muy clara es que el terapeuta busque “el origen” de tu orientación o identidad como si fuera consecuencia de una enfermedad, una carencia o un trauma infantil. Preguntas como “¿Qué ocurrió en tu infancia para que sintieras la necesidad de identificarte así?” no son inocentes. Parten de la idea de que algo tuvo que salir mal para que tú seas quien eres.


También conviene alejarte de un espacio donde escuches comentarios como:

  • “¿No crees que solamente es una fase?”

  • “Ahora está de moda ser gay”.

  • “¿Ya intentaste salir con alguien del sexo opuesto antes de definirte?”

  • “Tal vez todavía no conoces a la persona correcta”.

  • “Podemos trabajar para modificar lo que sientes”.


Los intentos de corregir o modificar la orientación sexual o la identidad de género son incompatibles con una práctica terapéutica afirmativa.


Otra señal menos evidente aparece cuando el terapeuta convierte tu orientación o identidad en el centro de todas las sesiones, aunque hayas acudido por un motivo diferente. Ser una persona LGBTQ+ no significa que cada dificultad emocional, familiar, laboral o de pareja se explique mediante esa característica.


Un acompañamiento afirmativo debe reconocer tu identidad sin reducirte a ella.


¿Qué significa salir del clóset?


Salir del clóset es un proceso profundamente personal mediante el cual una persona descubre, reconoce, acepta y, si así lo decide, comparte su orientación sexual o identidad de género.


Primero puede aparecer una sensación o un sentimiento que toma por sorpresa a la propia persona. Después observa que vuelve a presentarse y comprende que no se lo está inventando. Poco a poco comienza a reconocerlo como parte de sí misma y se abre la posibilidad de aceptarlo.


En algún momento puede surgir el deseo o la necesidad de compartirlo. Sin embargo, esto no convierte la revelación pública en una obligación ni en la culminación forzosa del proceso.


Muchas de las personas que he acompañado llegan a terapia creyendo que su experiencia es completamente única. Sienten que nadie más podría comprenderlas y que, de alguna manera, están “fuera de este mundo”.


Es verdad que cada proceso tiene particularidades: intervienen la familia, el contexto cultural, la edad, las redes sociales, la situación laboral y muchas otras circunstancias. Pero también es una experiencia que puede conectar a una persona con muchas otras que han atravesado dudas, miedo y soledad semejantes.


No estás sola, solo ni sole.


Salir del clóset no ocurre una sola vez


Las personas heterosexuales y cisgénero rara vez tienen que preguntarse si es seguro revelar su orientación o identidad en cada espacio nuevo. Para las personas LGBTQ+, en cambio, salir del clóset puede ser un proceso continuo.


Puede ocurrir con la familia, pero después presentarse nuevamente al iniciar un trabajo, entrar a una escuela, comenzar una amistad, conocer a la familia de una pareja o acudir a un servicio de salud.


En cada contexto aparece una decisión distinta: ¿quiero compartir esta parte de mí?, ¿necesito hacerlo?, ¿es seguro?, ¿qué podría suceder después?


Por eso, no existe una única “salida del clóset”. Hay muchas decisiones a lo largo de la vida y cada una merece ser tomada con libertad.


Cómo puede ayudarte la terapia a salir del clóset


Una de las primeras tareas es clarificar la motivación: ¿por qué deseas compartirlo en este momento?, ¿qué esperas que cambie?, ¿con quién quieres hablar?, ¿qué necesitas de esa persona?


Después conviene analizar los posibles riesgos y el impacto que la noticia podría tener dentro de tu entorno. Esta evaluación permite reconocer que quizá quieras salir del clóset con algunas personas, pero no con todas; o hacerlo en ciertos espacios mientras mantienes tu identidad dentro de la esfera privada en otros.


La terapia también puede ayudarte a:

  • manejar la ansiedad y la vulnerabilidad que pueden aparecer;

  • comprender la culpa, aunque no seas culpable de nada;

  • trabajar la vergüenza aprendida;

  • prepararte emocionalmente ante distintas reacciones;

  • desarrollar estrategias y planes de contingencia;

  • reconocer los recursos con los que cuentas;

  • reactivar una red de apoyo o comenzar a construirla.


Sobre todo, puede ofrecerte un espacio donde recuerdes que tu valor y la legitimidad de tu identidad no dependen de que decidas hacerla pública.


La seguridad debe ser la prioridad


Persona reflexionando en un espacio privado antes de decidir si quiere salir del clóset.

Antes de salir del clóset es importante mirar con honestidad el entorno físico, familiar, social, académico, laboral y comunitario.


No todas las familias, instituciones o comunidades ofrecen las mismas condiciones de seguridad frente a la discriminación. Por eso, además de pensar en lo que deseas compartir, conviene observar qué sucede en tus espacios cotidianos.


Si trabajas, por ejemplo, puedes preguntarte si la cultura de la organización integra y respeta realmente a las personas LGBTQ+. En el ámbito académico también es importante valorar cómo responde la institución ante la discriminación y si existen personas o áreas a las que podrías acudir.


La posibilidad de sufrir amenazas o algún tipo de violencia debe tomarse con seriedad. Salir del clóset no tendría que convertirse en una prueba para demostrar valentía. Tu seguridad física es prioritaria.

Esperar hasta contar con mejores condiciones no significa negar quién eres. Significa cuidarte.


¿Quién forma parte de tu red de apoyo?


Cuando hablamos de una red de apoyo no nos referimos necesariamente a la familia. La red está formada por aquellas personas con quienes puedes contar genuinamente, sean amistades, colegas, integrantes de una organización o personas que hayas conocido en espacios comunitarios.


Si no sabes cuál podría ser la reacción de alguien, puedes obtener información introduciendo el tema de manera casual. Hablar sobre el Orgullo LGBT, una noticia o alguna situación relacionada con la diversidad sexual permite escuchar sus opiniones antes de compartir algo personal.


También es posible que tu red todavía no exista entre las personas que te rodean. En ese caso puedes buscarla. En muchas ciudades hay organizaciones y grupos comunitarios; también existen espacios en línea que permiten entrar en contacto con personas que acompañan estos procesos.


La terapia sexual online con una perspectiva afirmativa puede ser parte de esa red, aunque reconozco que no todas las personas pueden pagar un proceso privado. Algunas organizaciones ofrecen atención gratuita o más accesible, en ocasiones dirigida a grupos de edad o poblaciones específicas.


Lo importante es que puedas construir condiciones de seguridad, fortalecer tus recursos y recordar que no tienes por qué atravesar todo esto en soledad.


Acompañar sin dirigir: una danza terapéutica


Para acompañar la exploración de una orientación o identidad es necesario partir de la curiosidad y reconocer que, como terapeuta, no conozco de antemano la experiencia de la persona que está frente a mí.


Aunque haya acompañado otros procesos, no puedo asumir que sé lo que esa persona siente. Mi lugar es parecido al de un espejo: puedo devolverle algunas palabras, señalar preguntas que ella misma está formulando y ayudarla a observar aquello que comienza a descubrir.


La terapia se convierte entonces en una especie de danza.

La persona marca el ritmo y yo acompaño sus movimientos sin empujarla hacia una respuesta o una etiqueta.

No es necesario terminar una sesión sabiendo “exactamente quién eres”. Tampoco necesitas elegir inmediatamente una palabra definitiva para nombrarte. Podemos investigar juntas, juntos o juntes; permitir que aparezcan dudas y reconocer que algunas respuestas tardarán en llegar.


Acompañar también implica respetar los silencios y las pausas. A veces necesitamos darle aire a lo que estamos descubriendo.


Descubrir tu identidad después de los 50 también es posible


Hombre trans adulto en un entorno cotidiano, representando el descubrimiento de la identidad de género en etapas posteriores de la vida.

Acompañé a un hombre trans que llegó a terapia alrededor de los 50 años. He omitido o modificado algunos detalles para proteger su identidad.


Al comenzar el proceso se reconocía como una mujer lesbiana. Tenía un puesto de alta responsabilidad, provenía de una familia conservadora y ocupaba un lugar central dentro de ella. Durante las sesiones empezaron a aparecer pequeños elementos de su manera de narrarse: al hablar de sí mismo y de sus relaciones con mujeres, se nombraba espontáneamente en masculino.


En una ocasión, mientras explorábamos cómo se refería a sí mismo, le pregunté si se sentiría más cómodo si yo comenzaba a llamarlo por otro nombre. Me respondió que sí.

El consultorio se convirtió en el primer lugar donde pudo hacerle caso a algo que había sentido desde hacía mucho tiempo. Ese momento inició una exploración que más adelante formaría parte de su transición. Actualmente es un hombre trans que vive con alegría su identidad.


Este caso cuestiona la creencia de que estos descubrimientos solo ocurren durante la adolescencia o antes de los 25 años. No existe una fecha límite para reconocerte. Algunas personas lo saben desde edades tempranas; otras encuentran las palabras y las condiciones para escucharse mucho después.


La función de la terapia no fue decirle quién era. Fue ofrecerle un espacio donde pudiera escucharse sin ser corregido ni apresurado.

Mi forma de acompañar estos procesos


Mi trabajo parte de una formación en educación sexual, con especialización en sexología clínica desde un enfoque humanista. También me he formado en el abordaje del trauma, el trauma complejo y el trauma sexual complejo.


Trabajo con perspectiva de género e interseccionalidad porque una persona no puede comprenderse mirando solo un aspecto de su identidad. Su historia se encuentra atravesada por sus vínculos, condiciones sociales, experiencias, contexto cultural y posibilidades reales de seguridad.


Desde esta mirada, la terapia afirmativa LGBTQ+ no pretende definirte. Busca construir un espacio donde puedas explorar quién eres con curiosidad, dignidad y respeto.


A tu tiempo también es válido


Si sientes miedo, vergüenza o culpa, quiero decirte algo: esas emociones pueden aparecer aunque tú no hayas hecho nada malo.


Nos han enseñado a ocultar ciertas formas de ser y de amar. Muchas de estas emociones vienen de los prejuicios que existen afuera; no son una prueba de que haya algo incorrecto en ti.


No le debes tu historia a nadie. Tampoco tienes que cumplir las expectativas de otras personas.


Puedes mantener tu identidad dentro de tu esfera privada mientras encuentras un espacio seguro. Eso no significa negar quién eres: significa cuidarte.


Hazlo a tu tiempo. Cada vez existen más voces, grupos y espacios donde es posible reconocerse y vivir con mayor libertad. Si todavía no los encuentras, recuerda que pueden construirse.


No estás solo, sola ni sole, y no tienes por qué estarlo. Aquí hay un espacio seguro para ti.


Escrito originalmente por Ana Laura Gracida y revisado por la Dra. Lorena Olvera.

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