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Relación abierta: qué significa, cómo funciona y qué hablar antes de abrirla

Pareja conversando sobre abrir su relación y establecer acuerdos de no monogamia consensuada en un ambiente íntimo y tranquilo

Abrir una relación puede sonar emocionante en la fantasía. La posibilidad de explorar, conocer a otras personas o vivir experiencias sexuales distintas suele presentarse como una alternativa libre, moderna y placentera. Sin embargo, cuando una pareja comienza a considerar seriamente esta posibilidad, aparecen preguntas mucho más complejas:

¿Podremos manejar los celos? ¿Qué ocurriría si alguien se enamora? ¿Necesitamos contarnos todo? ¿Abrir la relación podría ayudarnos a recuperar la emoción que hemos perdido? ¿Qué pasa cuando una de las dos personas no está completamente convencida?


Una relación abierta es un vínculo en el que las personas acuerdan algún grado de no exclusividad sexual, romántica o de ambos tipos.

La palabra clave es acuerdos. No insinuaciones, permisos ambiguos, silencios interpretados como aceptación ni conversaciones que cada persona entiende de una manera diferente.


Los acuerdos necesitan ser explícitos y todas las personas involucradas deben tener claridad sobre lo que están aceptando. El problema es que algunas relaciones se abren desde la fantasía, las suposiciones o incluso desde la desesperación por salvar un vínculo que ya se encuentra lastimado.


Abrir una relación no es necesariamente algo negativo. Tampoco es una fórmula más evolucionada de amar. Es una forma posible de construir un vínculo, pero exige conciencia, respeto, compromiso y una enorme disposición para hablar de aquello que no siempre resulta cómodo.


¿Cómo funciona una pareja abierta?

No existe una fórmula única para hacer que una relación abierta funcione. Generalmente, una pareja abierta conserva una relación central o de base y acuerda la posibilidad de tener encuentros sexuales con otras personas. En muchos casos, el vínculo emocional y romántico continúa concentrado en la pareja original, mientras que las experiencias externas se plantean como sexuales o recreativas.


Sin embargo, decir que una relación está abierta no explica por sí mismo cómo funciona.

Cada pareja necesita conversar y definir qué significa la apertura para ella. Algunas personas desean tener encuentros sexuales por separado; otras quieren explorar en conjunto. Algunas prefieren conocer ciertos detalles y otras acuerdan no compartir información específica. También puede haber límites relacionados con amistades, exparejas, lugares, fechas o determinadas prácticas sexuales.


Por eso, más que buscar una lista universal de reglas para una pareja abierta, conviene comprender que este tipo de relación funciona a través de conversaciones continuas. Los acuerdos pueden modificarse con el tiempo, porque también cambian las emociones, las necesidades, las experiencias y las circunstancias de las personas involucradas.


Desde mi experiencia clínica, me parece mucho más relevante la capacidad de hablar sobre los acuerdos que los acuerdos en sí mismos.


Una regla que hoy parece adecuada puede dejar de serlo después de una experiencia concreta. Lo que verdaderamente sostiene el vínculo es la posibilidad de decir: “Esto que vivimos me hizo sentir de una manera que no había anticipado. Necesito que lo revisemos”.


Pareja abierta, poliamor y no monogamia: ¿son lo mismo?


Personas adultas diversas compartiendo un momento de conexión para representar distintas formas de no monogamia, pareja abierta y poliamor

No. Los términos relacionados con la no monogamia pueden utilizarse de maneras distintas y existen muchas formas de construir vínculos no monógamos.


Las siguientes definiciones reflejan mi comprensión del tema, construida a partir de la experiencia clínica y de la lectura de diversas autoras y autores.


No monogamia ética o consensuada

La no monogamia ética o consensuada es un término paraguas que incluye vínculos románticos o sexuales con más de una persona al mismo tiempo, siempre con el conocimiento y el acuerdo de todas las partes involucradas.

Puede incluir distintas formas de relacionarse afectiva, romántica o sexualmente. La dimensión ética implica que no existe engaño: las personas conocen la situación y aceptan los acuerdos establecidos.


Monogamia

La monogamia es un modelo de relación estructurado entre dos personas, con exclusividad romántica y sexual durante el tiempo que dure el vínculo.

No tiene por qué considerarse anticuada, aburrida o menos consciente. Puede ser una elección profundamente congruente cuando responde a los deseos y valores reales de ambas personas.


Pareja abierta

En una pareja abierta existe una relación de base que acuerda permitir encuentros o relaciones sexuales con personas externas. Generalmente, el centro emocional y romántico continúa siendo la pareja original, y los encuentros externos se limitan al plano recreativo o sexual.

Aunque la intención sea mantener las experiencias fuera del terreno afectivo, es importante reconocer algo: no siempre podemos controlar lo que un encuentro despierta.


Poliamor

El poliamor implica el acuerdo de mantener varias relaciones amorosas, afectivas o sexuales simultáneamente. A diferencia de muchas relaciones abiertas, existe la posibilidad explícita de desarrollar vínculos emocionales y enamorarse de más de una persona.


Intercambio de parejas o swinging

Es una práctica en la que una pareja participa en actividades sexuales con otras personas o intercambia parejas de manera recreativa.

Suele ser una experiencia social o lúdica que se realiza en conjunto o bajo acuerdos específicos, priorizando el aspecto sexual y grupal sobre la creación de nuevas relaciones románticas independientes.


Las fantasías más comunes al abrir una relación

Una de las fantasías más frecuentes es pensar que abrir la relación la salvará del aburrimiento, la rutina o el hastío.


Incorporar a otras personas puede generar novedad, pero la novedad no repara automáticamente los conflictos que ya existían. Cuando hay resentimientos, dificultades sexuales, silencios prolongados, mala comunicación o heridas relacionadas con infidelidades anteriores, la apertura puede hacer más visibles las grietas en lugar de resolverlas.


Otra suposición común es: “Si no te lo digo, no te lastimo”.


Sin embargo, ocultar información no protege necesariamente a la pareja. Con frecuencia solo evita una conversación incómoda durante un tiempo, mientras deteriora la confianza que supuestamente se quería cuidar.


También es frecuente creer que un encuentro será “solo sexo” y que, por haberlo decidido así, no existe ninguna posibilidad de desarrollar sentimientos.


Esta idea puede convertirse en una gran falacia. Las relaciones humanas son complejas y no siempre podemos anticipar qué despertará un encuentro. Una experiencia que inicialmente parecía únicamente sexual puede generar cariño, interés, apego, ilusión, vulnerabilidad o enamoramiento.


El problema no es necesariamente que aparezca una emoción inesperada. El problema es no poder reconocerla, ocultarla o descubrir que nunca se habló sobre qué harían si esa situación llegaba a presentarse.


Querer abrir la relación no significa que exista un acuerdo

Uno de los primeros casos que acompañé relacionado con la apertura de una pareja fue especialmente doloroso.


Mi paciente era un chico trans cuya pareja supuso que, debido a su identidad y a su apertura para conversar sobre formas diversas de relacionarse, aceptaría fácilmente una relación no monógama.


Esta suposición ya implicaba un prejuicio: pertenecer a la diversidad sexogenérica no significa desear automáticamente vínculos abiertos ni tener menos necesidad de seguridad, compromiso o exclusividad.


Cuando su pareja planteó el tema, mi paciente se lo tomó con mucha seriedad. Exploró en terapia sus ideas sobre la monogamia, revisó sus miedos y afectos, e incluso tomó un curso para comprender mejor la no monogamia. Durante un par de meses trabajamos lo que aquella posibilidad significaba para él.


Sin embargo, su pareja había entendido la conversación de una manera completamente distinta. Prácticamente dos días después de expresar que quería abrir la relación, comenzó un vínculo con alguien más. Mi paciente se enteró dos meses después.

La relación terminó de una forma profundamente dolorosa.


Yo no tuve oportunidad de intervenir con la pareja completa; acompañé solamente a mi paciente y, finalmente, su proceso de duelo. Pero el caso me permitió observar con claridad que plantear el deseo de abrir una relación no significa que ya exista un acuerdo.


Una persona puede estar dispuesta a explorar la idea y, al mismo tiempo, necesitar meses de reflexión. Puede aceptar conversar sin haber aceptado todavía que la relación se abra. Puede tener una postura intelectual favorable hacia la no monogamia y descubrir emocionalmente que no quiere vivirla.


El consentimiento no se deduce. Tampoco se obtiene a partir de una sola conversación.


¿Cómo saber si nuestra relación está preparada para abrirse?

Antes de preguntar si una pareja está preparada para relacionarse con otras personas, conviene observar si todavía puede conversar sobre sí misma.


Cuando una pareja no logra hablar o ponerse de acuerdo en asuntos como el dinero, la vida sexual, el tiempo compartido o sus proyectos, una relación abierta puede convertirse en una escapatoria en lugar de una forma de exploración consciente.

También es importante revisar si los mapas del amor, los valores y las expectativas de cada persona se han actualizado. A veces llevamos años en una relación sin volver a preguntarnos:

  • ¿Qué significa actualmente la fidelidad para ti?

  • ¿Qué entiendes por compromiso?

  • ¿Cómo demostramos hoy la confianza?

  • ¿Todavía podemos hablar de quiénes somos?

  • ¿Me sigue interesando construir una relación contigo?

  • ¿Qué tan firmes son nuestros proyectos compartidos?

  • ¿Qué ha cambiado en nuestros deseos?

  • ¿Qué imaginamos cuando hablamos de una relación abierta?


Quizá la primera apertura necesaria no sea hacia otras personas, sino hacia una conversación que la pareja dejó de tener hace mucho tiempo.


Platicar sobre la no monogamia no obliga a llevarla a la práctica. En ocasiones, la conversación permite reconocer deseos, fantasías, inseguridades o necesidades que nunca habían sido nombradas.


Incluso si la pareja decide continuar siendo monógama, puede salir de ese diálogo con una comprensión mucho más profunda de cómo construir y cuidar su relación.


Cuatro conversaciones importantes antes de abrir una relación

Pareja hablando con calma sobre límites, celos, salud sexual y acuerdos antes de comenzar una relación abierta

1. Límites y acuerdos

Cada persona necesita identificar las prácticas con las que fantasea, las que desea explorar y aquellas que no quiere aceptar.

También es necesario hablar sobre la posibilidad de construir vínculos afectivos con otras personas. ¿La apertura será exclusivamente sexual? ¿Qué sucedería si aparece el enamoramiento? ¿Existen lugares, fechas, actividades o rituales que desean conservar como exclusivos de la pareja?


Un límite no debería plantearse únicamente para controlar a la otra persona. También debe expresar qué necesita cada integrante para sentirse cuidada, respetada y capaz de permanecer en el vínculo.


2. Salud y seguridad sexual

La protección sexual necesita formar parte explícita de los acuerdos de una pareja abierta.


Es importante conversar sobre el uso de métodos anticonceptivos y de barrera, las prácticas que realizarán, la frecuencia con la que se harán pruebas para detectar infecciones de transmisión sexual y la manera en que compartirán información relevante.

También necesitan hablar sobre lo que ocurrirá si un acuerdo de seguridad se rompe, ya sea accidentalmente o por cualquier otra razón.


El silencio, la vergüenza o el miedo a la reacción de la pareja pueden aumentar el riesgo. Por eso conviene acordar de antemano un protocolo que permita informar lo sucedido, atender la salud de las personas involucradas y revisar el impacto emocional.


3. Celos y gestión emocional

Los celos no desaparecen únicamente porque una pareja haya decidido ser abierta.

Son una emoción que merece ser nombrada y comprendida. Conviene identificar si existen personas, lugares o circunstancias específicas que producen mayor inseguridad o malestar.


También es fundamental contar con espacios donde sea posible expresar dudas sin recibir burlas, críticas o juicios. Poder decir “esto me dolió”, “esto me dio miedo” o “descubrí que necesito algo diferente” no debería interpretarse automáticamente como un fracaso.


Abrir una relación implica aprender prácticas de regulación emocional, autorregulación y corregulación. Habrá momentos incómodos. La meta no es eliminarlos por completo, sino aprender a transitarlos sin destruir el vínculo ni abandonarse a une misme.


4. Tiempo, logística y responsabilidad afectiva

Una relación abierta también requiere organización.


La pareja necesita revisar cómo protegerá su tiempo de calidad, cuánto espacio dedicará a otros vínculos y qué tan público desea que sea este aspecto de la relación.

Pero, sobre todo, necesita acordar cómo hablará de los sentimientos que aparezcan hacia otras personas y con las otras personas.


Quienes se incorporan a una relación abierta no son accesorios para reanimar a la pareja principal. También tienen emociones, necesidades, límites y expectativas. La responsabilidad afectiva implica reconocer que las decisiones pueden tener consecuencias para todas las partes.


¿Cómo saber si una relación abierta está funcionando?

Una experiencia que algunas personas identifican dentro de las relaciones no monógamas es la compersión, entendida como la capacidad de experimentar alegría por la felicidad o el placer de la otra persona.


Esto no significa que nunca aparezcan celos ni que haya que sentirse feliz todo el tiempo. Significa que, junto con las propias emociones difíciles, puede existir un interés genuino por el bienestar de la pareja.


También es una buena señal que, después de un encuentro con otra persona, exista un espacio para conversar sobre cómo se sienten. No necesariamente para compartir cada detalle, sino para saber que la experiencia puede integrarse a la relación sin convertirse en un secreto o una amenaza imposible de nombrar.


Actualmente acompaño a una pareja que descubrió que algunos aspectos de la manera en que estaban viviendo su relación abierta ya no resultaban adecuados para una de las personas. Sus intentos por hablar del tema terminaban en discusiones y estaban desgastando su comunicación.


Buscaron ayuda para aprender a dialogar de una manera más clara. Al contar con un espacio para revisar los acuerdos y expresar lo que iban descubriendo en sí mismxs, lograron fortalecer su vínculo.


Hoy se sienten más cómplices y reconocen que han crecido individualmente gracias al espacio que se permitieron. No todo está resuelto, pero cuentan con mayor tranquilidad para hablar de sus sentimientos, mantenerse en el presente y construir nuevos acuerdos.

Una relación saludable no es aquella en la que nunca surge un problema. Es aquella en la que las personas pueden reconocer lo que está ocurriendo, sincerarse primero consigo mismas y después conversar sin que la incomodidad se convierta necesariamente en destrucción.


¿Cuándo no es recomendable abrir una relación?

No recomendaría abrirla cuando existen conflictos importantes que no se han trabajado previamente y se espera que la novedad los resuelva mágicamente.


Tampoco cuando hay infidelidades anteriores que no han sido procesadas, dificultades graves para manejar los celos o una comunicación basada en gritos, ofensas, críticas, evasión o actitudes defensivas.


La inseguridad personal intensa también merece atención antes de incorporar nuevas personas al vínculo, especialmente si la apertura se vive como una competencia constante o como una prueba del propio valor.


Y existe un criterio todavía más sencillo: si una de las personas no quiere abrir la relación, es suficiente razón para no hacerlo.


Cuando una persona quiere explorar algo sexual o relacional y la otra no, es importante distinguir entre una posibilidad negociable, un límite y una incompatibilidad real. Aceptar por miedo a perder a la pareja no es consentimiento libre.


Nadie tiene la obligación de aceptar una relación abierta para demostrar amor, seguridad, modernidad o amplitud de pensamiento.


Abrir una relación también significa complejizarla

Las relaciones de pareja ya son complejas. Implican compromiso, confianza y amor, pero también incluyen las historias, expectativas, experiencias, necesidades, pensamientos y emociones que cada persona lleva consigo.


Construir intimidad requiere vulnerabilidad: abrir nuestro mundo a otra persona, permitir que nos conozca y estar disponibles para crecer a su lado.


Cuando se abre una relación, permitimos que una persona más participe, aunque sea solo en un aspecto, de ese mundo que ya se comparte. La historia se vuelve más compleja. Esto no significa que sea algo malo. Significa que necesitamos reconocer todo lo que implica.


Una pareja abierta no es una moda, una panacea ni la solución a todos los problemas de pareja. Tampoco es necesariamente más valiente o más madura que una relación monógama.


En la fantasía puede parecer únicamente placentera, divertida o liberadora. En la práctica implica trabajo personal, congruencia, conversaciones difíciles y responsabilidad afectiva.


Romper esquemas relacionales requiere compromiso. A veces también exige aceptar ante unx mismx que ya no queremos algo que antes deseábamos, o que sí queremos algo que nos cuesta reconocer.


¿Por qué buscar terapia antes o durante una relación abierta?

Buscar terapia no significa que la pareja esté fracasando ni que la no monogamia sea un problema psicológico.


La terapia sexual y de pareja puede ayudar a distinguir entre deseos, fantasías, miedos y presiones. También puede facilitar conversaciones que en casa terminan en discusiones, ayudar a construir acuerdos más claros y enseñar herramientas de regulación emocional.


La terapia puede ser especialmente útil cuando:

  • La propuesta de abrir la relación tomó a una persona por sorpresa.

  • Una de las partes no sabe si acepta por deseo o por miedo.

  • Existen problemas previos que no se han resuelto.

  • Los celos se sienten inmanejables.

  • Ya ocurrió una ruptura de acuerdos.

  • Aparecieron sentimientos hacia otra persona.

  • La pareja quiere revisar acuerdos que ya no funcionan.

  • Se necesita acompañamiento para decidir si continuar, cerrar nuevamente la relación o terminarla.


No hay una serie de pasos que garantice que una relación abierta funcionará. Cada vínculo necesita construir su propia forma de relacionarse.


Lo que sí puede trabajarse es la capacidad de ser honestxs, reconocer límites, escuchar las necesidades de las demás personas y asumir las consecuencias de las decisiones tomadas.


Dos libros para seguir reflexionando sobre relaciones abiertas y no monogamia

Si te duele, ahí no es, de Jaime Gama

Es una guía dirigida tanto a personas monógamas como poliamorosas que desean construir vínculos más éticos.

De manera sencilla y personal, invita a reflexionar sobre el estado de la propia relación y sobre las distintas posibilidades que existen para relacionarse con mayor conciencia.


Polysecure: Attachment, Trauma and Consensual Nonmonogamy, de Jessica Fern

Este libro relaciona la no monogamia consensuada con el apego y el trauma. Presenta el modelo HEARTS, orientado a construir vínculos múltiples de manera más segura y saludable.

Resulta especialmente útil para comprender cómo las experiencias de la infancia y las formas aprendidas de vincularnos pueden aparecer en las relaciones actuales.


Preguntas frecuentes sobre parejas abiertas

¿Qué significa tener una pareja abierta?

Tener una pareja abierta significa que existe un acuerdo explícito que permite determinadas experiencias sexuales o relacionales con otras personas. No existe una única forma de hacerlo: cada vínculo necesita definir sus límites, acuerdos, necesidades de información y formas de cuidar a todas las personas involucradas.


¿Cuál es la diferencia entre una pareja abierta y el poliamor?

En muchas parejas abiertas, la relación de base conserva la centralidad romántica y los encuentros externos se plantean principalmente como sexuales. En el poliamor existe la posibilidad explícita de mantener más de un vínculo amoroso o afectivo al mismo tiempo. En la práctica, las formas de relacionarse pueden ser mucho más diversas y no todas las personas utilizan estas etiquetas de la misma manera.


¿Es normal sentir celos en una relación abierta?

Sí. Abrir una relación no hace que los celos desaparezcan. Pueden aparecer inseguridad, miedo, comparación o temor a perder el vínculo. Más que intentar prohibirse sentirlos, conviene comprender qué los activa y desarrollar formas de hablar de ellos sin convertirlos automáticamente en acusaciones o prohibiciones.


¿Puede una relación abierta salvar una pareja?

Abrir la relación puede aportar novedad o permitir explorar deseos, pero no suele resolver por sí mismo problemas previos de comunicación, resentimiento, pérdida de confianza o dificultades sexuales. Cuando la apertura se propone como una solución para evitar un conflicto que ya existe, conviene trabajar primero lo que está ocurriendo dentro de la relación.


¿Qué pasa si mi pareja quiere una relación abierta y yo no?

No necesitas aceptar. Conversar sobre la posibilidad de una relación abierta no equivale a consentirla. Si una de las personas no quiere abrir el vínculo, esa decisión merece ser respetada. Aceptar por miedo a perder a la pareja, por presión o para demostrar que se es suficientemente “abiertx” no constituye un acuerdo libre.


¿Qué reglas debe tener una pareja abierta?

No existe una lista de reglas válida para todas las parejas. Sí conviene hablar explícitamente sobre límites sexuales y afectivos, salud sexual, información que desean compartir, tiempo, privacidad, vínculos con amistades o exparejas y qué sucederá si aparece un sentimiento inesperado o un acuerdo deja de funcionar.


Antes de abrir la relación, abran la conversación

Una relación abierta puede ser una elección ética, amorosa y congruente. Pero solo cuando las personas involucradas tienen la libertad de elegirla y la disposición de revisar continuamente cómo la están viviendo.


No se trata únicamente de establecer qué está permitido y qué está prohibido. Se trata de poder decir la verdad, incluso cuando esa verdad contradice una fantasía inicial.


Abrir una relación no debería ser una estrategia para evitar hablar de lo que ocurre dentro de ella. Quizá el primer paso sea precisamente el contrario: sentarse, mirar a la persona con la que hemos decidido compartir la vida y volver a preguntarnos quiénes somos, qué necesitamos y qué queremos construir ahora.


Cuando esa conversación resulta demasiado difícil, repetitiva o dolorosa, buscar acompañamiento terapéutico puede ofrecer un espacio seguro para empezar a nombrar lo que todavía no ha podido decirse.


Escrito originalmente por Ana Laura Gracida y revisado por la Dra. Lorena Olvera.

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