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Cómo construir una relación duradera: claves desde la terapia de pareja

10 mar
9 min de lectura

Actualizado: 16 sept

Muchas personas buscan los “secretos” de las relaciones duraderas. Creemos que, si encontramos a la persona correcta, todo debería fluir de forma natural y una buena relación tendría que requerir poco esfuerzo.


Pareja de alrededor de 50 años sentados juntos en un sofá y conectando afectuosamente.

Pero después de trabajar con muchas parejas, una realidad se vuelve evidente: Una relación duradera no depende de evitar los conflictos, sino de aprender cómo afrontar los problemas de pareja cuando aparecen, sin perder la conexión emocional.


En mi trabajo en terapia de pareja online, inspirado especialmente en los principios del Modelo Gottman, he visto que las relaciones más sólidas no son las que nunca discuten. Son aquellas en las que ambos pueden aprender nuevas formas de entender el conflicto, reparar después de una discusión, mantener la curiosidad por el otro y cuidar la conexión y el deseo a lo largo del tiempo.


De hecho, una parte importante de los conflictos de pareja gira alrededor de diferencias que pueden reaparecer una y otra vez. Desde el Modelo Gottman se habla de problemas perpetuos: asuntos relacionados con diferencias de personalidad, necesidades, valores o estilos de vida que no necesariamente se “resuelven” para siempre, pero que sí pueden aprender a manejarse de una forma mucho más sana.


A continuación comparto algunos de los principios que más trabajo con parejas que quieren fortalecer su relación y construir un vínculo más sano y duradero.


El mito más dañino sobre las relaciones de pareja

Uno de los mitos que más daño hace es pensar que una pareja sana no debería tener conflictos.


La realidad es muy distinta. Todas las parejas tienen diferencias porque somos personas diferentes, venimos de familias distintas y tenemos nuestra propia historia, valores, necesidades y formas de ver el mundo. El conflicto es inevitable.

La verdadera pregunta no es si habrá conflicto, sino qué hacen ustedes cuando aparece.

Una relación duradera no necesita eliminar todas sus diferencias. Necesita aprender a atravesarlas sin que cada discusión se convierta en una amenaza para el vínculo.


Esto cambia mucho la forma de ver los problemas de pareja. Ya no se trata solamente de preguntarse:

“¿Cómo hacemos para no discutir?”

A veces la pregunta más útil es:

“¿Cómo podemos hablar de esto sin hacernos daño y sin dejar de escucharnos?”


Uno de los errores más comunes al discutir en pareja

Uno de los patrones que veo con mayor frecuencia en consulta es que las parejas intentan resolver el problema cuando alguno de los dos ya está emocionalmente desregulado.


Tal vez una persona se siente atacada, defensiva, muy enojada o profundamente herida.

En el Modelo Gottman se utiliza el término flooding para describir ese estado de intensa activación emocional y fisiológica en el que resulta mucho más difícil escuchar, procesar lo que la otra persona está diciendo y responder de manera constructiva.


En ese momento, muchas conversaciones dejan de ser un intento de comprenderse y empiezan a convertirse en una batalla por demostrar quién tiene razón.


Aparecen las interrupciones, la defensa, el aumento del tono de voz o frases que después lamentamos.


Y cuanto más tiempo permanece la conversación en ese estado, más difícil se vuelve resolver el conflicto.


Por eso, mejorar la comunicación en pareja no significa aprender a hablar durante horas hasta resolverlo todo.


También significa aprender a reconocer cuándo ya no estamos en condiciones de escucharnos.


El cambio que puede transformar las discusiones de pareja

Una de las herramientas más útiles que enseño en terapia es aprender a tomar descansos durante el conflicto.

Pareja de mediana edad tomando espacio después de una discusión para calmarse.

Cuando una conversación se intensifica y alguien empieza a sentirse demasiado activado, la pareja puede pausar.


No para castigar al otro.

No para desaparecer.


Y tampoco para evitar indefinidamente la conversación.

La pausa tiene un objetivo muy concreto: regularnos para poder volver a escucharnos.

Después, cuando ambos están más calmados, pueden retomar la conversación.

Una de las ideas que más ayuda a las parejas es entender que tomar un descanso no es evitar el problema.


En realidad significa algo muy distinto: “Te amo y no quiero dejar de escucharte o terminar hablándote mal.”


Muchas parejas incluso acuerdan retomar la conversación al día siguiente, cuando ambos estén descansados y emocionalmente regulados.


Desde el Modelo Gottman se recomienda que, cuando existe este nivel de activación, la pausa dure al menos unos 20 minutos y que la pareja acuerde cuándo retomará la conversación.


Durante ese tiempo, cada persona puede hacer algo que realmente le ayude a autorregularse, por ejemplo caminar, respirar profundamente, meditar, escuchar música, cantar o ducharse.


Lo importante es intentar no utilizar esos minutos para seguir mentalmente la discusión, preparar argumentos o recordar todo lo que la otra persona hizo mal, porque eso puede mantener nuestro cuerpo en el mismo estado de activación.


Una de las ideas que más ayuda a las parejas es entender que tomar un descanso no significa abandonar el problema.


Puede comunicar algo muy distinto: “Te amo y quiero seguir hablando de esto, pero no quiero llegar al punto de dejar de escucharte o terminar hablándote mal.”


Algunas parejas incluso acuerdan retomar la conversación al día siguiente, cuando ambos estén descansados. Lo importante es que exista el compromiso de volver al tema y, preferiblemente, una hora aproximada para hacerlo.


Un caso real: cómo una pareja cambió su forma de discutir

Recuerdo el caso de una pareja de dos hombres que acudieron a terapia porque discutían constantemente.


Curiosamente, ellos sí intentaban hablar de sus problemas. El problema era que lo hacían cuando ya estaban muy activados emocionalmente. En esas conversaciones dejaban de escucharse, trataban de probar su punto, levantaban la voz y se defendían constantemente. Como ninguno se sentía comprendido, el conflicto escalaba cada vez más.


Uno de los primeros cambios que hicimos fue aprender a reconocer las señales de desregulación emocional y tomar descansos antes de llegar al punto en el que ya no podían escucharse.


Ese cambio aparentemente pequeño empezó a transformar su dinámica. Poco a poco comenzaron a tener discusiones en las que podían escucharse, validar lo que el otro estaba sintiendo, empatizar y expresar su propio punto de vista con más calma.

Pero no trabajamos solamente en lo que ocurría durante las peleas.


También empezaron a fortalecer algo igualmente importante: la apreciación entre ellos.

Con el tiempo, el ambiente de la relación cambió. Ambos comenzaron a sentirse más valorados, vistos y amados.


Esta parte es fundamental porque una relación no se fortalece únicamente aprendiendo a discutir mejor. También necesita suficientes experiencias de conexión fuera del conflicto.


Las parejas duraderas responden a los pequeños intentos de conexión

En el día a día, las parejas están constantemente haciendo pequeños intentos de conexión.


Desde el Modelo Gottman se les conoce como bids for connection: pequeñas invitaciones para recibir atención, interés, afecto o cercanía por parte de nuestra pareja. Pueden ser verbales o no verbales y, muchas veces, parecen insignificantes.

Por ejemplo:

Pareja gay de mediana edad conversando en la cocina mientras uno comparte algo y el otro escucha con atención.
  • mostrar un video

  • contar algo que pasó en el trabajo

  • comentar algo que vieron en la calle

  • hacer una pregunta aparentemente trivial

A veces la otra persona responde. Otras veces está mirando el teléfono, está cansada o simplemente no reconoce que detrás de ese comentario había un intento de conexión.


Por eso hay una idea que repito mucho a las parejas:

Responder consistentemente a los intentos de conexión de tu pareja vale más que mil rosas o chocolates.


No significa que tengas que responder perfectamente a cada intento.


Significa prestar atención a algo muy sencillo: muchas veces nuestra pareja está diciendo “mírame”, “escúchame”, “ríete conmigo”, “interésate por esto que es importante para mí” sin expresarlo de esa manera.


Las relaciones se fortalecen en esos pequeños momentos cotidianos, no solamente en los grandes gestos románticos.


Otro error común: creer que ya conoces completamente a tu pareja

Después de años juntos, algunas parejas dejan de sentir curiosidad por el otro.

Empiezan a pensar:

“Ya sé cómo va a reaccionar.”

“Ya sé lo que piensa.”

“Siempre hace lo mismo.”


Y casi sin darnos cuenta dejamos de preguntar, explorar y descubrir.


Dentro del Modelo Gottman existe un concepto que me gusta mucho: los Mapas del Amor. Se refiere a mantener actualizado nuestro conocimiento sobre el mundo interno de nuestra pareja: qué le preocupa, qué desea, qué está viviendo, qué le ilusiona y qué está cambiando en su vida.


Porque la persona con la que empezaste una relación hace cinco, diez o veinte años no es exactamente la misma persona que tienes hoy enfrente. Y tú tampoco eres la misma.


Las relaciones duraderas mantienen algo muy importante:

curiosidad constante por el otro.

Preguntar:

“¿Qué te está preocupando últimamente?”

“¿Qué te emociona en este momento de tu vida?”

“¿Hay algo que quieras hacer y que todavía no me hayas contado?”

“¿Qué necesitas más de mí últimamente?”


Puede parecer muy sencillo, pero mantener esta curiosidad evita que la relación se convierta únicamente en logística y rutina.


El poder de expresar apreciación en la relación

Otro elemento importante para construir una relación duradera es expresar apreciación con regularidad.


Muchas veces pensamos cosas positivas sobre nuestra pareja, pero no necesariamente las decimos.


O empezamos a dar por sentado lo que hace.


Dentro del Modelo Gottman, cultivar el cariño y la admiración forma parte de las bases de una relación sólida. Expresar aquello que valoramos del otro ayuda a mantener presentes el respeto y el afecto, especialmente cuando la vida cotidiana empieza a llenarse de obligaciones.


Un ejercicio muy sencillo que recomiendo a las parejas es este:


Ejercicio de apreciación semanal

Una vez a la semana, cada persona escribe cinco cosas que su pareja hizo esa semana y que aprecia. No tienen que ser gestos extraordinarios. Pueden ser cosas como:

“Me hiciste un té cuando estaba estresado.”

“Me escuchaste cuando tuve un día difícil.”

“Preparaste la cena.”


Después se sientan juntos y comparten sus listas.


Este ejercicio ayuda a entrenar algo fundamental: seguir viendo lo que nuestra pareja sí hace por nosotros.


Porque cuando una relación atraviesa una etapa difícil, nuestra atención puede empezar a dirigirse casi exclusivamente hacia aquello que falta, molesta o decepciona.

La apreciación no significa ignorar los problemas. Significa evitar que los problemas se conviertan en la única historia que contamos sobre nuestra relación.


El deseo sexual en las relaciones largas también necesita atención

La intimidad y el deseo forman parte importante de muchas relaciones duraderas.


Y cuando deja de aparecer como al principio de la relación, empiezan a pensar que algo está mal:

“Ya no tenemos química.”

“Se acabó la chispa.”

“Tal vez ya no me desea.”


Pero en las relaciones largas, el deseo muchas veces necesita ser cultivado activamente. Las parejas pueden crear espacios para la intimidad, mantener el juego y la curiosidad, hablar de sus deseos y seguir descubriendo qué favorece —o qué dificulta— la conexión erótica en cada etapa de la relación.


Esperar que el deseo aparezca siempre por sí solo puede hacer que la vida íntima quede relegada durante meses o años entre trabajo, cansancio, familia y responsabilidades.

Una relación duradera no necesita repetir eternamente la sexualidad de sus primeros meses.


Necesita permitir que su erotismo también evolucione.


Una forma diferente de entender los conflictos de pareja

Si alguien se llevara una sola idea de este artículo, sería esta:

Las relaciones duraderas no evitan el conflicto. Aprenden a atravesarlo de forma diferente.

Y añadiría algo más: también aprenden a reparar.


Una conversación difícil no necesita salir perfectamente para que una relación sea sana. Muchas veces lo importante es poder reconocer cuándo lastimamos al otro, asumir responsabilidad por nuestra parte y encontrar una manera de volver a conectar. Dentro del enfoque Gottman, estos intentos de reparación son una parte importante del manejo constructivo del conflicto.


Cuando las parejas empiezan a cambiar la forma en que entienden las discusiones, pueden dejar de vivir cada diferencia como una amenaza para la relación.


Empiezan a preguntarse qué hay detrás del conflicto, aprenden a pausar cuando es necesario y pueden escuchar con más empatía incluso cuando no están de acuerdo.

Y poco a poco, la relación cambia.


Una relación duradera necesita más que amor

En las relaciones modernas esperamos que nuestra pareja sea muchas cosas al mismo tiempo:

  • mejor amigo

  • amante

  • consejero

  • compañero de vida

  • apoyo emocional


Eso puede poner mucha presión sobre las relaciones. Por eso trabajar en habilidades relacionales no significa que una pareja haya fracasado. Muchas veces significa exactamente lo contrario: que está dispuesta a aprender algo que casi nadie nos enseñó.

  • Cómo discutir sin destruirnos.

  • Cómo pedir lo que necesitamos.

  • Cómo escuchar sin defendernos inmediatamente.

  • Cómo seguir sintiendo curiosidad por la persona que tenemos enfrente.

  • Cómo reconocer lo bueno incluso durante una etapa difícil.

  • Cómo cuidar nuestra intimidad cuando la vida cambia.


Las relaciones duraderas no son solamente producto de la suerte o de haber encontrado a “la persona correcta”.


También son el resultado de habilidades, curiosidad, cuidado y aprendizaje constante.


¿Cuándo puede ayudar la terapia de pareja?

Si sientes que tú y tu pareja están atrapados en los mismos patrones de discusión, que cada conversación termina de la misma manera o que la conexión emocional se ha debilitado, puede ser útil buscar ayuda antes de que el desgaste sea todavía mayor.


La terapia de pareja ofrece un espacio para entender qué está ocurriendo entre ustedes, identificar los ciclos que se repiten y aprender nuevas formas de escucharse, comprenderse y manejar los conflictos.


No se trata de decidir quién tiene razón.


Se trata de entender qué está ocurriendo entre ustedes y qué necesita cambiar para que ambos puedan sentirse más escuchados, respetados y conectados.


Si te gustaría trabajar en tu relación, puedes agendar una sesión de terapia de pareja conmigo o con una terapeuta de mi equipo y comenzar a construir una relación más consciente, más respetuosa y más duradera.


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